LA NOS TAL GIA existe porque algo FUE AMADO
fotografía sin título — archivo
el dolor del regreso
del griego: nostos + algia. No significa volver físicamente — sino sentir el peso de lo que ya no existe igual.
Heráclito s. V a.C.
1755
✦ ensayo  /  sobre el cambio y la pérdida

"Ningún hombre se baña dos veces en el mismo río, porque ni es el mismo río ni es el mismo hombre." — Heráclito

La frase atribuida a Heráclito parece hablar del cambio, pero también habla de la nostalgia. Porque la nostalgia no aparece cuando las cosas permanecen, aparece precisamente porque cambian.

La etimología de nostalgia tiene algo dolorosamente bello. Viene del griego: nostos, que no significa exactamente casa, sino regreso, retorno al hogar; y algia, dolor. Nostalgia es entonces el dolor del regreso. No necesariamente volver físicamente, sino sentir el peso de aquello que ya no existe igual aunque siga estando.

Por eso irse y volver tienen algo parecido. Irse siempre deja una pequeña herida; volver también. Uno cree que regresa al mismo lugar, a las mismas calles, a las mismas personas, pero en realidad el lugar ya cambió y uno también. Como el río de Heráclito, el agua siguió corriendo mientras estábamos lejos.

Heimweh / Fernweh
Dos nostalgias opuestas. Una mira hacia atrás. La otra mira hacia adelante.
"Sólo soy feliz yéndome."

— Juan Vicente Piqueras
HEIMWEH FERNWEH

Los alemanes tienen palabras hermosas para eso. Heimweh: el dolor del hogar, extrañar el lugar de origen, sentir que una parte de uno quedó atrás. Y también Fernweh: el dolor de la distancia, el deseo por un lugar al que nunca se ha ido, la necesidad de partir.

Quizá por eso Juan Vicente Piqueras escribía: "Sólo soy feliz yéndome". Hay algo humano en estar dividido entre quedarse y escapar. Entre volver y querer otro horizonte.

Recordar a la gente tampoco la vuelve eterna. Recordar no es conservar como quien pone flores en agua para que duren más; recordar es postergar un poco el final. Es aceptar que algo terminó y aun así seguir encontrándolo vivo dentro de uno.

Y quizá ahí aparece otra idea: el sufrimiento no es una excepción del mundo. Es una de sus condiciones. Después del terremoto de Lisboa de 1755, Voltaire escribió contra la idea de que vivimos en "el mejor de los mundos posibles". Más tarde, en Cándido, mostró un mundo violento, absurdo, lleno de pérdidas; un mundo donde el esfuerzo no garantiza justicia.

A veces parece lejano, pero no tanto. América Latina, y Colombia también, conocen demasiado bien el lenguaje del agravio, de la violencia, de la pérdida cotidiana. Y aun así seguimos. No porque el sufrimiento sea bueno ni porque haya que romantizarlo. Sino porque transforma. Porque cambia el cauce del río.

La nostalgia existe porque algo fue amado. El dolor existe porque algo importó. Y aunque el mundo muchas veces parezca duro, incluso cruel, hay algo precioso en que nada permanezca igual, que podamos volver siendo otros. Eso es lo precioso del dolor.

Quizá al final eso sea regresar. No encontrar la misma casa. Sino descubrir que ya no somos la misma persona que salió de ella.

fotografía lomografía — sin fecha
eso es lo precioso del dolor
Que cambia el cauce del río. Que podemos volver siendo otros.